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Capítulos del libro del Deuteronomio del Antiguo Testamento en la Biblia

 

 

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LA BIBLIA - Antiguo Testamento - Deuteronomio

 

 

       

El libro recibió el nombre de Deuteronomio porque así se lo titula en la versión griega de los LXX: déuteros nómos o "Segunda Ley" por oposición a la "Primera Ley" recibida por Moisés en el Monte Sinaí. Por este motivo, la Vulgata latina traslada la voz griega como Deuteronomium.
Deuteronomio es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo. Se ubica en el quinto lugar, precedido por Números y es, en consecuencia, el último texto de la Torá ("La Ley") y, para los cristianos, del Pentateuco ("Las Cinco Cajas" donde se guardan los rollos hebreos). En las Biblias cristianas, se encuentra antes de los Libros históricos, el primero de los cuales es Josué.
La Torá ha sido atribuida tradicionalmente al patriarca Moisés. El Deuteronomio es, en consecuencia, el discurso con el cual el legislador se despide de su pueblo en los llanos de Moab (Deut. 1:5).

Sin embargo, los judíos que se encuentran frente a él escuchándolo no son los mismos que se encontraban al pie del monte Sinaí. Han pasado por muchas tribulaciones; conocen las tentaciones de la idolatría, a los falsos profetas y también a los verdaderos. Conocen también a los reyes traidores.

Moisés entrega a estas gentes la Segunda Ley como prolongación y epítome de la primera: la voz de la reforma religiosa será la herencia de los hebreos complementando a la entrega de la tierra por parte de Yahvéh. Ambas serán los bienes primordiales de los judíos en este nuevo país y en el futuro.

La crítica literaria aplicada a los textos bíblicos, ha puesto en evidencia que no se puede atribuir el texto a Moisés, ya que responde a situaciones históricas posteriores. En efecto, la insistencia temática en la unidad de Dios, la unidad del Culto, la unidad de la Ley y de la Tierra pone en evidencia una época de crisis en la que esto ya no se realiza. El libro del Deuteronomio es un compendio de textos escritos en diferentes épocas, y proveniente de diversas fuentes, como lo son una buena parte de los libros de la Biblia. Este libro cobró una especial relevancia en el reinado del rey Josías, bajo el cual fue descubierto el manuscrito en el Templo. El libro, y la tradición oral que los sustentó pudieron haber sido llevados por escribas que huyeron del Reino del Norte, a la sazón invadido por las tropas asirias del rey Sargón II, quien tomó la ciudad de Samaría, capital del Reino del Norte, en 721.

La autoría de Moisés fue creída durante siglos, tanto por judíos como por cristianos. La iglesia católica aceptó hace tiempo las aportaciones científicas de la crítica literaria, y las investigaciones hermenéuticas, tanto aplicadas a este texto como a toda la Biblia, aunque sectores más tradicionales insisten en una interpretación literal del texto. Lo mismo cabría decir de las iglesias protestantes, y del judaísmo. En cada una de estas confesiones religiosas encontramos sectores que han admitido las aportaciones de la ciencia aplicada a la hermenéutica Bíblica, y otros que se resisten a ello. No olvidemos que, por ejemplo, en ciertos estados de los Estados Unidos se sigue enseñando en las escuelas la interpretación literal de la Biblia aplicada al relato de la Creación.

El Deuteronomio retoma la tradicional forma de contar la historia de Israel a través de grandes discursos; ellos son el marco y la referencia que limitan el Código ético que debería regir la vida del judío.

El libro relata lo que sucedió desde la entrega de las Tablas de la Ley hasta la llegada a los llanos del Moab, pero, como sucede con frecuencia en el Antiguo Testamento, no narra los hechos por la historia misma: los utiliza como medio para probar la realidad y verdad del Código.

Su personaje principal es el propio Moisés, viejo y en el fin de su vida, que recuerda el pasado y, con un estilo vivo y directo, se dirige a los israelitas para hacerles notar que si no guardan una fidelidad a ultranza al Pacto, serán ingratos y poco merecedores del amor de Dios. Él los ha elegido, y ellos han de honrar esa confianza o desaparecer.

La historia es, pues, en el Deuteronomio, el testigo que declara en favor de Dios que volcará al jurado (el pueblo) en su favor.

 

   
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