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Capítulos del libro del profeta Jeremías en el Antiguo Testamento

 
 

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LA BIBLIA - Antiguo Testamento - Jeremías

 

 

 

 

 
 

Jeremías, profeta de Judá hijo de sacerdotes, nació en Anatot en o alrededor de 650 a. C. Prácticamente no profetizó fuera de Jerusalén y lo hizo en el período comprendido entre 628 a. C. y 580 a. C., es decir, entre sus 22 y 70 años de edad. Pasó, por lo tanto, casi toda su vida adulta profetizando en su ciudad, habiendo sido testigo de los reinados de Josías, Joaquín y Sedecías.

Fue contemporáneo de los profetas menores Nahum, Habacuc y Sofonías, y parece haber intentado amalgamar las experiencias particulares de estos tres junto con la suya propia en un solo gran texto que abarcara el período completo. Donde los nombrados son parciales, Jeremías es global y escribe sobre el conjunto de su tiempo y su sociedad.

El Libro de Jeremías es el segundo libro profético de la Biblia. Se encuentra ubicado entre Isaías y Lamentaciones. Forma parte del Antiguo Testamento y del Tanaj judío y se lo considera, junto a Isaías, Libro de Ezequiel y Libro de Daniel, uno de los cuatro Profetas Mayores.

El mensaje principal de Jeremías es simple: ya es demasiado tarde para evitar la disciplina de Dios, así que aceptadla y alejáos de vuestros pecados. Sin embargo, después de un periodo de castigo, Dios va a restaurar a Judá.

Jeremías con frecuencia usa acciones figurativas para comunicar su mensaje, tales como romper un tarro de barro para mostrar cómo Dios destruirá a Jerusalén.

La religión hebrea se estaba corrompiendo desde tiempos del rey Manasés: se adoraba al dios Baal en las cimas de las colinas, las prostitutas sagradas recibían a sus clientes en el Templo y los sacrificios de bebés y niños en honor a los dioses paganos era un espantoso ritual casi diario.

Josías derribó las estatuas de Ishtar, reina de los cielos, y de Marduk, señor de los dioses, y reprimió severamente la nigromancia y la magia. Se cree que Jeremías tomó parte importante en este retorno a las fuentes yahvistas. Pero la llegada al trono de Joaquín precipitó un nuevo auge del paganismo, como el propio profeta registra en Jer. 44:17-18, acusando como responsables a las clases dirigentes en 5:4-31 con duros y severísimos epítetos.

 
 
 

 

 
   
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